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domingo, 1 de noviembre de 2026

Crece el apoyo a la democracia en América Latina, pero persisten riesgos para sus contrapesos

Foto del avatarPor El Mocano 4 min de lectura

El respaldo a la democracia volvió a subir en América Latina, aunque sigue acompañado por baja satisfacción con los gobiernos, tolerancia a Ejecutivos sin contrapesos y un giro electoral hacia la derecha que, por ahora, no implica una transformación ideológica profunda.

Ángel Arellano, Joaquín Danza Esmoris/Latinoamérica21

El Barómetro de las Américas 2026 deja un dato favorable, aunque con reservas: tras más de diez años de deterioro, el apoyo a la democracia repuntó en América Latina. El 65% considera que, pese a sus problemas, la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Son seis puntos más que en 2023 y el nivel más alto en más de diez años. La mejora se observa en casi todos los países, edades y niveles educativos, por lo que no se concentra en un solo grupo. El Barómetro de las Américas sigue siendo una referencia clave para interpretar esta tendencia.

¿Reconciliados con la democracia o no?

Ese avance no significa una reconciliación plena con el sistema. Uruguay registra 86% de apoyo y Perú apenas 50%. Entre esos extremos, la región vuelve a valorar la democracia, pero la evalúa por resultados concretos. Quienes no sufrieron solicitudes de soborno policial muestran diez puntos más de apoyo democrático. Quienes no padecieron inseguridad alimentaria, nueve puntos más. Y quienes mejoraron sus ingresos económicos, siete puntos más que aquellos cuyos ingresos disminuyeron. Según los datos del Barómetro de las Américas, la democracia recupera respaldo cuando la vida cotidiana deja de empeorar.

Sin embargo, esa mejoría material no se traduce en una recuperación equivalente de la confianza en el gobierno. El informe no ofrece una sola medida general de “satisfacción con las instituciones”, pero sí indicadores precisos sobre la experiencia ciudadana con el Estado. La satisfacción con los servicios municipales subió de cerca de 30% en 2018/19 a 36% en 2026. Aun así, sigue siendo baja y desigual: llega a 52% en Nicaragua y 50% en Honduras, frente a 16% en Bolivia y 18% en Perú. Además, solo cuatro de veinte presidentes obtienen aprobación mayoritaria, mientras la solicitud de sobornos policiales se mantiene en alrededor de 11% o 12% desde hace una década.

El hallazgo más delicado

Apoyar la democracia no implica necesariamente defender sus contrapesos. El Barómetro de las Américas no mide de forma directa la aceptación de “disolver” el Legislativo o la Corte Suprema. En cambio, registra algo distinto, aunque vinculado: la disposición a tolerar que el presidente ignore jueces y pase por encima de la legislatura, manipule la ley, limite a la oposición o gobierne sin obstáculos. La precisión evita exagerar el dato, pero no le resta gravedad.

El respaldo general a la democracia tampoco significa apoyo pleno a todas sus قواعد liberales. Muchas personas dicen preferirla, pero toleran que el Ejecutivo debilite los controles institucionales. La excepción son las elecciones: entre quienes rechazan las normas electorales, el apoyo democrático cae a 42%, mientras que entre quienes las respaldan sube a 72%. Esto sugiere que, para buena parte de la ciudadanía, la democracia se asocia sobre todo con votar, más que con limitar el poder de quien gana. En otras palabras, en la visión latinoamericana actual la democracia comienza y termina en la elección del gobernante. Por eso, el Barómetro de las Américas resulta fundamental para entender cómo se perciben los límites del sistema.

¿Qué significa la democracia hoy?

El nuevo índice de apoyo al “mayoritarianismo iliberal” confirma esa tensión. Su promedio va de 4,46/7 en El Salvador a 3,36/7 en Argentina. Más de 60% de los encuestados en El Salvador, República Dominicana, Honduras y Guatemala se ubica entre 4 y 7/7. En la mayoría de los demás países, al menos la mitad cae en ese rango. Incluso en Argentina y Uruguay supera 35%. No se trata de una postura marginal ni limitada a democracias en retroceso. Es una concepción extendida según la cual ganar elecciones habilita al Ejecutivo para reducir controles, derechos y voces opositoras. De hecho, el Barómetro de las Américas muestra cómo este fenómeno afecta la calidad democrática.

La paradoja se entiende mejor al observar qué significa democracia para los latinoamericanos. La aplicación de la ley es la asociación principal para 30,3%, seguida por la igualdad con 25% y la libertad con 24,4%. La participación ciudadana alcanza 10,5% y las elecciones 9,7%. La demanda social apunta a orden, trato justo y derechos. El riesgo aparece cuando un liderazgo presenta esos resultados como incompatibles con los límites institucionales y convierte la mayoría electoral en autorización para gobernar sin frenos.

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