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sábado, 7 de noviembre de 2026

Britney Spears revisita su etapa de transición con cinco canciones inéditas de 2001

Foto del avatarPor El Mocano 5 min de lectura

NUEVA YORK (AP) — Britney Spears estaba en una encrucijada en 2001, y no solo porque la película “Crossroads” (“Crossroads: Amigas para siempre”) estaba por estrenarse y marcaría su debut como actriz.

Entonces tenía 19 años y era una de las personas más famosas del planeta, convertida en el sueño adolescente definitivo para legiones de seguidores en todo el mundo y para una industria de celebridades voraz. Ese mismo año actuó en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl y dejó huella en la moda, primero al aparecer con Justin Timberlake, su novio, con atuendos de mezclilla a juego en los American Music Awards y luego al presentarse con un pitón albina alrededor del cuello en los MTV Video Music Awards.

La cantante avanzaba con rapidez hacia la adultez tras el éxito de sus dos primeros discos, “… Baby One More Time” de 1999 y “Oops! … I Did It Again” de 2000. Su tercer álbum, “Britney”, apareció poco antes de su cumpleaños número 20 y terminó siendo decisivo.

Legacy Recordings lanza el viernes “Britney (25th Anniversary Edition)”, una reedición ampliada del álbum, que alcanzó cuatro veces el platino en menos de dos meses. La colección reúne dos remezclas y cinco canciones inéditas de esa época, su primera música nueva desde que anunció en una publicación de Instagram en 2024 que “nunca regresaría a la industria musical”.

El lanzamiento invita a revisar el disco y el lugar singular de Spears en la cultura popular, especialmente a la luz de los acontecimientos de los últimos años. En 2021 quedó libre de una tutela judicial que controló durante casi 14 años su vida y su dinero. En febrero se informó que había vendido los derechos de su catálogo musical a Primary Wave por una suma no revelada.

Escuchar “Britney”, 25 años después

El álbum comienza con unas palabras habladas de Spears. En 2001, sonaba provocadora, como suele ocurrir cuando una mujer joven expresa su propia voluntad.

“Sé que quizás soy joven”, dice Spears sobre una base de R&B entrecortada de The Neptunes, el dúo formado por Pharrell Williams y Chad Hugo. “Pero yo también tengo sentimientos”.

Esa frase aparece en “I’m a Slave 4 U”, el sencillo con el que Spears dejó claro que el pop pegajoso de sus primeros lanzamientos había dado paso a algo más maduro. Y la evolución también se nota en las canciones del álbum escritas y producidas por colaboradores anteriores, Max Martin y Rami Yacoub, como “Bombastic Love”, que sigue brillando con un filo renovado.

Si en “Britney” Spears tomó prestada la trayectoria de otras estrellas que pasaron de la adolescencia a la adultez, como Madonna o Janet Jackson, lo hizo manteniéndola dentro de un marco apto para adolescentes. Insinúa una sensualidad ya desarrollada como forma de expresar autodeterminación, pero sin dejar de ser accesible para su público más joven. En otras palabras, camina por una cuerda floja: “No soy una niña, tampoco soy una mujer”, como dice el sencillo.

Todo eso ocurre mientras el álbum está salpicado de afirmaciones de autonomía, sexual y de otro tipo. “Saluda a la chica que soy”, invita en “Sobreprotegida”. “Now I live for me” (Ahora vivo para mí), cambia el guion en “Lonely”. “She’s in control” (Ella tiene el control), en la funky y erótica “Boys”.

La autorreflexión se refuerza con el hecho de que el disco lleva su nombre y de que Spears coescribió cinco temas del original: “Lonely”, “Anticipating”, “Let Me Be”, “That’s Where You Take Me” y la punzante “Cinderella”.

Las canciones inéditas de “Britney” amplían la mitología de Spears

La primera de las cinco pistas de archivo es “She’ll Never Be Me”, coescrita con Timberlake, su entonces novio, quien además canta coros. Timberlake coescribió un tema del álbum original, pero este nuevo lanzamiento llega después de que Spears escribiera sobre su relación en sus memorias de 2023, con detalles profundamente personales sobre un embarazo, un aborto y una ruptura dolorosa.

En el conjunto del disco, la canción encaja bien con sus efectos vocales y su producción impulsiva de los años 2000, y funciona como un excelente lado B.

Lo mismo puede decirse del resto, desde el arranque lento y engañoso de “Am IA Sinner” y los ritmos influenciados por el pop latino de “Right Now (Taste the Victory)”, hasta la “When I Say So” con fallas digitales, protohiperpop, y la sentida e inusualmente extensa “My Big Secret”, que incluye la interpretación vocal más sólida de Spears en todo el álbum. Es un falsete deslumbrante.

En lo temático, varias de estas canciones podrían leerse como una respuesta a la obsesión de la prensa sensacionalista con la virginidad de Spears al momento del lanzamiento. “Tendrás algo cuando yo lo diga”, canta en “When I Say So”.

Y en “Am IA Sinner” bien podría estar mirando a unos medios injustos, o a cualquier mala relación: “Dime, ¿soy un pecador? / Dime, ¿me equivoco? / Algo anda mal con la imagen / Esto no es mi culpa” (Dime, ¿soy una pecadora? / Dime, ¿estoy equivocada? / Algo no cuadra en la imagen / Esto no es culpa mía).

Desde la publicación de sus memorias superventas, “The Woman in Me” (La mujer que soy), que detalla su infancia, ascenso a la fama, matrimonios, maternidad y tutela, los fans han trabajado para recontextualizar cómo se retrató a Spears al inicio de su carrera. Estas canciones sin duda inspirarán más trabajo detectivesco. Otros quizás las reciban de una manera más simple, a través de las lentes color de rosa de una nostalgia fácil.

Al final, se trata de un álbum escrito y grabado en el espacio entre la adolescencia y la adultez, por la mujer a la que una generación miró como una guía para hacer lo mismo.

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