MADRID, 30 Oct. (EUROPA PRESS) –
La condenada a muerte estadounidense Christa Pike ha dado las gracias a todas las personas que la han acompañado y respaldado en su recuperación después de sobrevivir a dos intentos fallidos de ejecución por inyección letal a finales de septiembre en Tennessee: «Me aferro al amor y a la amabilidad de tantas personas que me han recordado que no estoy sola», afirmó en su primera declaración pública tras salir del hospital.
Pike contó en primera persona cómo vivió el proceso y señaló que acudió a la cámara de ejecución de la prisión de Riverbend convencida de que iba a morir, después de haberse despedido de sus seres queridos, hace ahora un mes. Sin embargo, recordó que varios días después recuperó la consciencia en el hospital, donde despertó «sola, desorientada y con dolor».
Desde entonces, asegura que no ha dejado de arrastrar secuelas físicas y psicológicas. «Me duele el cuerpo. Me duelen los brazos. Me duelen las manos. Me duele la garganta», explicó en un comunicado compartido por su equipo legal en redes sociales, antes de reconocer que todavía tiene dificultades para hablar y que el dolor también afecta a su mente y a su «alma».
La reclusa, que afirma estar recuperándose de manera progresiva, lamentó las consecuencias de lo ocurrido y la «incompetencia» que, a su juicio, ha situado a numerosas personas en esa «terrible situación».
En su mensaje, Pike destacó especialmente las muestras de solidaridad recibidas desde distintos lugares del mundo, tanto de personas cercanas como de desconocidos. «Saber que tanta gente se preocupa por mí, que me ven como un ser humano cuya vida importa», señaló, es algo que la ha emocionado profundamente y que, según reconoció, no puede «expresar plenamente con palabras».
Asimismo, trasladó su gratitud a los servicios de emergencia, al personal médico y de enfermería y a los trabajadores del hospital que la atendieron, por haberla tratado «con compasión, dignidad y respeto». También dedicó unas palabras de reconocimiento a sus abogados y a quienes han defendido su caso y han permanecido a su lado.
Pese a la mejoría experimentada, Christa Pike aclaró que su recuperación no significa que haya superado lo sucedido. «Curarse no es lo mismo que estar bien. Desde aquella noche, he estado prácticamente aislada en la unidad médica de la prisión (…) Ese aislamiento conlleva su propio tipo de dolor», aseveró, al evocar los 28 años que pasó anteriormente en régimen de aislamiento.
La condenada reconoce que todavía desconoce por qué sobrevivió y qué ocurrirá en adelante. Aunque admite que algunos días le resulta especialmente difícil mantener la esperanza, asegura que intenta avanzar poco a poco: «Por ahora, intento recuperarme, día a día», concluyó.
Christa Pike fue declarada culpable de asesinato en primer grado y condenada a la pena máxima por la muerte en 1995 de Collen Slemmer, una compañera de clase. Pike, que nunca negó su participación en el crimen, se convirtió con 21 años en la persona más joven en el corredor de la muerte. En su último intento sin éxito por el indulto, incidió en sus problemas de salud mental de entonces, asegurando que le llevó «muchos años» comprender la gravedad de sus actos.





