Por MARCELINO LARA
Cuando un gobierno invierte dinero del presupuesto nacional para mejorar la salud, la educación, el transporte público o el servicio de energía eléctrica, de inmediato surgen voces que lo acusan de socialista o comunista.
Según esas voces, cualquier recurso público destinado a elevar la calidad de vida de la clase media y de los pobres se interpreta como una dilapidación de los impuestos que sostienen el presupuesto nacional.
Por eso se critica todo gasto público orientado a mantener los niveles mínimos de consumo de quienes no son propietarios de los medios de producción. Se repite, de manera peyorativa y maliciosa, que eso es socialismo y eso es comunismo.
Sin embargo, cuando un gobierno transfiere recursos del presupuesto nacional a los sectores más ricos de la sociedad y a los dueños de los medios de producción, esas voces desaparecen como por arte de magia.
Entonces todos guardan silencio, y quien calla otorga y se vuelve cómplice.
Y más aún si esos recursos se disfrazan de préstamos para favorecer a relacionados del partido de gobierno, incluso a aspirantes a ocupar posiciones electivas a través del partido que dirige la administración pública.
Eso, dice el texto, es lo que ha sucedido con unos préstamos otorgados por el Banco Agrícola durante el período 2021 al 2026, siempre con énfasis en los períodos de campaña electoral. En esos años se han otorgado más de 100 mil millones de pesos en préstamos, pero la producción agropecuaria no ha avanzado en nada; al contrario, muchos productores han quebrado. El BA, agrega, ha sido usado para favorecer a políticos y amigos relacionados al poder, sin aportar al aumento de la producción agropecuaria nacional.
Por otra parte, el gasto tributario proyectado para los años 2026-2027 asciende a 900,075.16 millones de pesos, casi un billón de pesos en dos años, dirigidos a los sectores de mayor poder económico de la sociedad dominicana.
Relacionado con ese gasto tributario, también se señala que la Administración Tributaria deja de cobrar el 40% del ITBIS y el 60% del impuesto sobre la renta que debería cobrar. En conjunto, más de 400 mil millones de pesos. Y aun así, plantea el texto, insisten en hablar de más reformas tributarias.
Todo, en opinión del autor, está claro: cuando se transfieren, otorgan o facilitan recursos del presupuesto nacional a los sectores económicos más poderosos de la sociedad, no se menciona el cuco del comunismo; pero cuando esos recursos se orientan a favorecer a la clase media y a los pobres, aparece de inmediato el fantasma chantajista del socialismo y del comunismo. Qué conveniente.
Esta administración de gobierno, añade, se ha olvidado de los micro, pequeños y medianos empresarios emprendedores, así como del mediano y pequeño productor agropecuario.
El resultado, concluye el texto, es una sociedad en la que solo los grandes sobreviven: un comunismo invertido.
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